Aspectos de la convivencia entre las religiones
La inevitable convivencia urbana de las tres confesiones tenía que preservar
cualquier contacto ilícito entre ellas. En las poblaciones de dominio musulmán había
barrios de mozárabes y de judíos, diferenciados o separados por muralla. En los
de dominio cristiano también se acotaron espacios diferenciados: la morería y la
judería. Se velaba por la posible promiscuidad étnica en domicilios particulares,
fondas, tabernas o burdeles, incluso se prohibía la celebración conjunta y festiva
de casamientos y bautizos. Según escrupulosas y reiteradas ordenanzas, los judíos
habían de manifestar su condición con un distintivo en la ropa, los mudéjares no
podían convocar públicamente a la oración.
En el siglo XIV, el odio a los judíos aumentó en todo el territorio peninsular, alentado
por una corriente de opinión que encabezaba
franciscanos (…) Además, el siglo XIV, sobre todo en su segunda mitad, fue una época
de crisis económica y social, cuyos aspectos más destacados fueron las guerras,
el deterioro de los cultivos,
pasaba hambre y penalidades de todo tipo. Como consecuencia de todo ello, muchos
acusaron a los judíos de atraer estas desgracias, culpándoles de todos los males,
pidiendo a los reyes que tomasen medidas contra ellos.
M. López-Ibor, Los judíos en España
Para mantener la segregación, era necesario que los moros se distinguieran por
su aspecto de los cristianos, pero en el siglo XIV eso ya resultaba bastante difícil
porque, al menos los hombres, habían abandonado los vestidos tradicionales y no se
diferenciaban de los cristianos. Por eso, se les impuso un corte de cabello especial y,
al final del siglo XIV, un signo en el vestido, contra el que hubo una gran resistencia.
B. de Riquer, Història dels Països CatalansAutoría: Santos Ramírez. Grupo Gea-Clío 15
DOCUMENT 1
Las persecuciones de 1391
El seis de junio de 1391 estallaron los disturbios. Al rey de Castilla le llegó la noticia
de que “el pueblo de la ciudad de Sevilla había robado la judería, y que eran tornados
cristianos los más judíos y muchos de ellos eran muertos”.
A finales del siglo XIV se desataron brotes de violencia antijudía, especialmente en las
grandes ciudades Valencia, Barcelona y Zaragoza. Esto configuró un cambio radical
en las relaciones intercomunitarias al pasarse de la convivencia a la coexistencia. Al
producirse la extinción de las grandes aljamas se produjo una corriente migratoria.
Consecuencia fue la dispersión de su población a otros lugares más seguros (Navarra,
Granada, Italia...) y su ruralización en comunidades más pequeñas. En la judería
de Valencia permanecieron unos doscientos judíos, conviviendo con los conversos,
de los cerca de 3.000 (10% de la población) con que llegó a contar en momentos de
esplendor. La mortandad de estos asaltos y persecuciones fue apreciable: Barcelona
(350), Mallorca (300), Valencia (230), Lérida (80). Cataluña fue la más damnificada;
de contar con casi 9.000 judíos pasó a ser simplemente residual.
Miguel Ángel Motis Dolader, Aragón Sefarad. Vol. I
DOCUMENT 2
Persecuciones y expulsiones
Los Reyes Católicos (…), tras una serie de negociaciones con el pontífice Sixto IV,
obtuvieron, en 1478, la autorización para crear
servir para fortalecer el catolicismo y combatir la herejía (…) No tenía nada que ver
con los antiguos tribunales de la inquisición medieval que dependían del Papado y
que solo habían funcionado en Aragón. Así quedó constituida la nueva jurisdicción
que había de imponer un régimen de terror sobre toda la población conversa.
M. López-Ibor, Los judíos en EspañaAutoría: Santos Ramírez. Grupo Gea-Clío 16
Si nos fijamos, por ejemplo, en la convivencia de las tres culturas, cristiana,
musulmana y judía, cuyos frutos más logrados se alcanzaron precisamente en el
reinado de Alfonso X el Sabio (XIII), donde se dará una de las manifestaciones más
importantes de estas culturas,
judía de Toledo potenció la traducción de obras árabes, actuando como transmisora
de la ciencia y cultura musulmanas, pasaban el texto original árabe a la lengua
romance, y se hacía una versión en latín. Finalmente lo acontecido en los dos siglos
siguientes constituye un fracaso incuestionable.
Los asaltos a las juderías y morerías a finales del siglo XIV y durante todo el XV, las
conversiones y bautismos forzosos practicados en casi todo el ámbito peninsular y
finalmente la expulsión de los judíos en 1492 y la conversión forzosa de los mudéjares,
ahora llamados moriscos, que finalmente serán expulsados en 1609, en tiempos del
rey Felipe III sería la más rotunda manifestación del final de la coexistencia entre las
tres religiones. Cerca de trescientos mil judíos (el 5% de la población total del país)
se vieron obligados a emigrar al Mundo Islámico y a
veinte mil se refugiaron en Portugal.
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